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-     Escrito por gon

¿Cómo funciona la seguridad social en España?

Muchas personas se hacen la pregunta sobre cómo funciona la Seguridad Social en España, y todo el mundo suele hablar de ella. Programas de televisión bromean sobre la situación de la Seguridad Social; comentarios triviales de la gente en el ascensor, en la cola del pan, en el metro, etc., sin tener en cuenta el gran provecho que da a la sociedad. Es por ello que desde aquí queremos darles unas informaciones muy sucintas, pero no por ello menos importantes e interesantes, sobre lo qué es, su historia y quién tiene acceso a la Seguridad Social en España.

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Qué es la Seguridad Social en España

“Seguridad Social en España” es una expresión que hace referencia al propio bienestar de los ciudadanos en España, tanto los naturales como los que viven y trabajan en nuestro país.

La definición que dio en 1991 la Organización Internacional del Trabajo hacía referencia a la protección que la misma sociedad proporciona a sus miembros, por medio de medidas públicas. Éstas van dirigidas a paliar las privaciones económicas y sociales que pueden ocasionar situaciones de enfermedad, maternidad, accidente laboral, enfermedad laboral, desempleo, invalidez, vejez y muerte. Ofrece también protección frente a las necesidades médicas y ayuda a las familias con hijos.

Esta acción protectora incluye distintos campos que van desde medidas económicas a sociales, en el ámbito del estado español.

Historia de la Seguridad Social en España

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El proceso de formación de la Seguridad Social corre parejo al proceso de formación del Derecho del Trabajo mismo. No en vano se ha afirmado que en su origen la Seguridad Social representa una respuesta normativa diferente a problemas diferenciados de una misma realidad, la denominada cuestión social.

En efecto, el punto de partida del lento proceso que llevó al surgimiento de lo que hoy conocemos con la denominación de “Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social” hay que situarlo en las consecuencias sociales derivadas de la revolución industrial y burguesa que tiene lugar en Europa entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. La aparición de la máquina de vapor coincide con una explosión demográfica importante (hay que señalar respecto a esto que la población inglesa de finales del siglo XVIII se incrementó un 40%). Coincidió con el traslado del campo a la ciudad, la desaparición progresiva de los artesanos y la conversión de éstos en obreros. Todos estos factores desembocaron en la aparición de un gran excedente de mano de obra muy propicio para la explotación por el incipiente sistema capitalista asentado en los principios liberales clásicos del libre juego de la oferta y la demanda en el mercado, y de igualdad (formal) entre patrón y obrero en la determinación de las condiciones de trabajo. De este modo, la realización de jornadas agotadoras a cambio de salarios míseros, la prestación de trabajo en condiciones peligrosas, nocivas e insalubres, o la explotación sistemática de la mano de obra femenina y de los menores (las denominadas entonces “fuerzas medias”) son ejemplos paradigmáticos de las penosas consecuencias sociales de la Revolución Industrial. Todo ello sucedía en la fábrica. Fuera de ésta nos encontramos con aglomeraciones en suburbios y falta de protección social ante la enfermedad, el accidente o la vejez, por no hablar del desempleo. Con el fin de hacer frente a estos nuevos riesgos colectivos, los riesgos sociales, empiezan a articularse determinadas técnicas específicas de protección.

En primer lugar, de la mano del mismo asociacionismo obrero, en un contexto de abstencionismo del Estado en el mercado de trabajo. Es cuando la clase trabajadora adquiere conciencia de representar un núcleo de intereses propios y contradictorios con el de la burguesía (y para ello, nada mejor que sufrir en las propias carnes las consecuencias sociales de la Revolución Industrial), y se da cuenta de que el Estado no coadyuva en la solución de sus problemas, cuando decide autoorganizarse para defender sus intereses. A esta idea responden las primeras mutualidades laborales, las denominadas sociedades de socorros mutuos, que eran asociaciones sin ánimo de lucro y basadas en un principio de solidaridad, de base local y profesional, a través de las cuales los obreros ponían en común una pequeña parte de su retribución, que se ingresaba en una caja colectiva de la que salía el subsidio que se pagaba al asociado que perdía el jornal por causas como la enfermedad, el accidente o la vejez, de acuerdo con las reglas establecidas estatutariamente. Sin embargo, el mutualismo obrero pronto fue abandonado como técnica de protección específica frente a los riesgos sociales, y el asociacionismo obrero pasó a tener aires revolucionarios. Progresivamente los fondos mutualistas se transformarán en cajas de resistencia para hacer frente a las huelgas, como un paso previo a la aparición del sindicato como una forma de organización permanente y autónoma de los trabajadores para la defensa de sus intereses.

El segundo hito a destacar sobre el proceso de formación histórica de la Seguridad Social tiene relación con la intervención del Estado en la cuestión social que, entre otras razones, se produce gracias a las presiones del movimiento obrero, y se traduce en las primeras leyes de accidentes de trabajo. Aparecerá así la Ley de Accidentes de Trabajo de 30 de enero de 1900, que es considerada como la primera ley de la Seguridad Social, e introduce por primera vez la responsabilidad objetiva del patrón por los accidentes laborales sufridos por sus trabajadores. El empresario es siempre responsable de los riesgos creados por el mero funcionamiento de la empresa.

El tercer, y último, hito fundamental viene representado por la aparición de los seguros sociales, que se producirá cuando el aseguramiento obligatorio de carácter público o semipúblico se extiende a otros riesgos sociales distintos del accidente de trabajo, como ahora la enfermedad común, la vejez (hoy, jubilación), las cargas familiares o la falta de trabajo (hoy, desempleo). El Estado asume, así, un deber de protección contra los riesgos sociales sufridos por los trabajadores, incluso en el caso que estos riesgos no guarden ninguna relación con el trabajo desarrollado.

Quién tiene acceso a la Seguridad Social en España

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El sistema de Seguridad Social español ofrece protección en caso de enfermedad, maternidad, accidente, invalidez, vejez, muerte, desempleo y obligaciones familiares.

Junto al régimen contributivo, el régimen no contributivo ofrece una cobertura mínima a las personas que no hayan podido contribuir, con prestaciones establecidas por el mismo estado. Se trata de los beneficios de atención a la salud, beneficios especiales para la maternidad y el paro, asignaciones familiares y las pensiones de vejez y por discapacidad.

El sistema de protección social español comprende el régimen general que cubre a los empleados de la industria y los servicios, y las dietas especiales.

Algunos regímenes especiales de los ciudadanos se han integrado en el régimen general y pueden beneficiarse de las disposiciones aplicables a los empleados con algunas variaciones para adaptarse a las características específicas de su profesión como puede ser artistas, trabajadores ferroviarios, representantes de ventas, corridas de toros y los jugadores de fútbol profesional. También se incluyen, desde el 2012, el régimen especial para los trabajadores domésticos, el régimen especial agrario para los trabajadores asalariados empleados en la agricultura, todos ellos también se integraron en el régimen general de seguridad social. Estos trabajadores tienen derecho a las prestaciones de seguridad social en las mismas condiciones que en el Régimen General, con algunas peculiaridades determinadas por las leyes 27/2011 y 28/2011.

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Fuentes de imágenes:

deFinanzas.com

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